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DISCURSO V.

LAS PROFECÍAS DEL ESPÍRITU SANTO CON RESPECTO A LAS MISIONES

 

"La obra que el Espíritu Santo efectúa en nosotros, comprende todo el desarrollo de la vida divina en el hombre caído, desde su alpha hasta su omega. Esta obra que nos eleva muy por encima de Adam antes de la caída, puesto que nos eleva hasta el Cristo resucitado, depende en todo de la acción todopoderosa del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo hará perfecta, en el día del Señor, la espléndida obra de propiciación, que ya ha empezado. Por lo tanto, encamina nuestros pensamientos hacia la paciencia de Cristo. El Espíritu que anima a la Esposa la enseña a decir, ‘Amén, sea así, Ven.' Nos hace suspirar por la adopción, la redención del cuerpo, y la revelación de la gloria del Hijo de Dios."—E. Guers, "Le Saint Esprit."

 

V.

LAS PROFECÍAS DEL ESPÍRITU SANTO ACERCA DE LAS MISIONES

Siete veces nuestro ascendido Señor, habla desde la gloria diciendo. "El que tiene oído oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias." Y esta admonición séptupla, está al principio del único libro profetice del Nuevo Testamento, llamado, "La Revelación de Jesucristo, la cual Dios le dio para manifestar a sus siervos cosas que deben suceder presto." La Iglesia mundana ha descuidado y menospreciado de continuo el Apocalipsis; pero tan preciado es del Señor, que lo ha hecho empezar y acabar con una bienaventuranza: "Bienaventurado el que lee" y "Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro", son las dos bendiciones entre las cuales está encerrado su sagrado contenido. ¿Seremos presuntuosos, pues, si inclinamos el oído para oír lo que el Espíritu nos diga con respecto al gran tema que vamos considerando?

Hay un pasaje en este volumen que parece retratar tan gráficamente la grande era misionera, que los comentadores de varías escuelas están unánimes en reconocer la aplicación. An-

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tes de referirnos a ésta observemos el método del libro en que está contenida.

Este volumen enseña por medio de visiones, antes que por declaraciones didácticas. En una especie de drama divino, se ven aparecer y desaparecer los ángeles, y desempeñar sus papeles; siglos pasan entre los actos sucesivos; pero se ve que todo se encamina hacia un gran acontecimiento—la venida del Rey de los reyes, y la toma de su grande potencia para que reine. En el capítulo décimo de la Revelación, se halla la visión del libro abierto, la cual los interpretadores históricos han aplicado a la Reforma. En el capítulo décimo cuarto, está la visión del ángel que lleva el evangelio eterno; y le sigue de cerca otro ángel, clamando: "Ha caído, ha caído Babilonia." Históricamente, éste ha sido el orden de los acontecimientos hasta donde se han desarrollado—el abrir la Biblia por tanto tiempo sellada para el mundo; la apertura de las puertas de las naciones por mucho tiempo cerradas, para que los heraldos de la cruz pudieran entrar: y en seguida las muchísimas señales del fin de la dispensación.

Volvamos por unos momentos al crepúsculo de los tiempos antes de la Reforma. Wycliffe, "El Lucero de la Mañana de la Reforma", se ha ocultado de la vista, pero las lumbreras, apodadas lolardos. a quienes sus doctrinas han inspirado, sobreviven aún; y en "La Linterna de la Vida." un libro de devoción compuesto poco después de la muerte de su maestro, esos no-

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bles confesores revelan sus verdaderos sentimientos. ¿Podría alguna cosa ser más exquisitamente tierna o más profundamente verdadera, que esta oración que forma el prefacio del libro? "Cuando tú, oh Señor, moriste en la cruz, pusiste el Espíritu de vida en tu Palabra, y le diste poder de dar vida por tu propia preciosa sangre, como tú mismo dices: 'Las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida.' " Todo lo que quisiéremos afirmar acerca de la relación de la Biblia con la obra de las misiones, está incluido en esta sola sentencia. Cristo sobrevive en su Palabra escrita, y aunque cortado de la tierra de los vivientes, sin embargo por el poder regenerador de su Palabra "Verá linaje, y vivirá por largos días." Si Milton pudo decir que "Un buen libro es la sangre de vida de un gran espíritu", ¡con cuánta más verdad podemos aplicar sus palabras al "Libro de libros en el que por el Espíritu Santo, late la misma sangre de vida de nuestro Señor ascendido, vivificando, regenerando, santificando y finalmente glorificando las almas humanas, cuando vendrá de nuevo para, recibirlas a sí mismo! A la pregunta que se hace con tanta frecuencia de por qué la era de las misiones protestantes fue diferida tanto, y por qué no se inauguró inmediatamente después de la Reforma, ésta es una respuesta suficiente. Era imposible una era de misiones sin que se hubiera previamente traducido la Biblia. Sin las Escrituras, el cristianismo puede ser impuesto

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sobre una nación; pero no puede ser implantado en una nación. Pablo con sus manos encadenadas, pero pudiendo decir todavía, "Mas la Palabra de Dios no está presa", puede hacer trabajo misionero mucho más grande, que Xavier con sus manos libres y la Palabra de Dios presa. Y aunque juntamente con la era de traducción bíblica empezó una era de fiera persecución que hizo todo lo posible por estorbar la circulación de las Escrituras, sin embargo al paso que se extendía el volumen de la Palabra, se adelantaba la aurora de las misiones.

Supongo que pocos de nosotros sabemos cuan lentamente procedía la empresa de dar las Escrituras al pueblo, antes de que llegara la plenitud del tiempo. En el principio del siglo décimo sexto, oímos a Erasmus expresando sus deseos fervientes por la circulación de la Palabra Biblia en las siguientes palabras; "¡Ojalá que aun las mujeres todas pudieran leer los evangelios y las epístolas de San Pablo! ¡Ojalá que fuesen traducidos a todos los idiomas, para que fuesen leídos y entendidos no sólo por los escoceses y los irlandeses, sino por los sarracenos y los turcos. Anhelo el día cuando el labrador cante para sí partes de ellos, mientras sigue el arado; cuando el tejedor los tararee al son de la lanzadera; cuando el viador haga pasar alegremente con sus historias, las horas de su viaje." Esta fue una aspiración verdaderamente noble; pero evidentemente su logro le parecía muy remoto, si no imposible, al erudito que la ex-

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presó. Pasan trescientos años—años de luchas, de martirios, de éxito y derrota alternados—y llegamos al principio de la era misionera; y todavía para la grande masa de la gente común del cristianismo, la Biblia era un libro sellado.

La última década del siglo décimo octavo, vio el concepto de la evangelización universal, formándose en la mente de Carey el zapatero. En 1892 se realizaron sus anhelos; y estamos celebrando en este año, el centenario de las misiones modernas. En ese mismo año una paisana de Gales, cuyos padres eran tan pobres que no podían tener una Biblia, leyó en el Nuevo Testamento de una vecina las palabras; "Escudriñad las Escrituras", y despertaron en su corazón un deseo invencible de poseer este tesoro. Durante seis años trabajó con las manos, sufriendo con extrema abnegación, a fin de ganar lo suficiente para comprarse un ejemplar de la Biblia. Ocho años más tarde, en la primavera de 1800, esta señorita caminó a pie veinte y cinco millas, descalza hasta un lugar llamado Bala, llevando con su persona el precio del Libro de libros, ganado con tan duras penas, para comprarse al fin un ejemplar de él. Llegando a la población y suplicando a un predicador metodista que le hiciera el favor de alojarla durante la noche, apenas pudo esperar hasta que saliera el sol del otro día, para realizar el deseo por tanto tiempo nutrido; y así como cuando las mujeres que fueron al sepulcro del Salvador, se levantó muy de mañana y

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acudió a la casa del Rev. Tomas Charles, quien tenía de venta, según se decía el incomparable tesoro. Para su grande pesar, el buen ministro tuvo que confesar que ya no le quedaban ningunos ejemplares, con excepción de unos ya prometidos a amigos, y que no podrían conseguirse más en Londres. El pesar de la señorita decepcionada fue grande, y conmovió tanto el corazón del pastor, que dijo: "Mi querida niña, veo que es preciso que tengas una Biblia. Es imposible rehusártela." El precioso volumen fue puesto en sus manos; pero no solamente en las suyas. El ministro que tomó parte en esta escena histórica fue tan conmovido, que determinó ver lo que podía hacerse para poner la Biblia al alcance de los millones del mundo cristiano y pagano que hasta ahora no tenían el privilegio de poseerla. Esta resolución fue verificada por grados que no puedo narrar al presente, hasta que, en 1804 se realizó en la formación de la Sociedad Bíblica Británica Extranjera. Así fue que como Guillermo Carey de Paulerspury fue honrado de Dios para ser el fundador de las misiones modernas, María Jones, la hija de un tejedor de Llanfilhangel. fue hecha el instrumento para inaugurar el gran movimiento de la distribución de la Biblia, que ha crecido y prosperado tanto, que ya podemos decir de las Escrituras: "Por toda la tierra salió su hilo, y al cabo del mundo sus palabras."

No afirmo dogmáticamente que el capítulo décimo de la Revelación es una profecía de la

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Reforma; pero acordándonos de que el Apocalipsis es un libro de símbolos, en el que es el método de Dios representar el carácter y significación de una época entera por medio de un sólo jeroglífico concreto, haremos bien en preguntar con un comentador moderno, "¿Qué símbolo podríamos inventar o imaginar que pudiera con tanta perfección prefigurar la Reforma, como éste de un ángel con el libro abierto?"

Desde Wycliffe hasta Charles de Bala el lema de los siglos ha sido; "La Biblia para la gente del pueblo." Pero muy paulatinamente se maduró este propósito divino, hasta que se abrió el siglo décimo nono, con la primera sociedad organizada para la difusión de Biblias, así cómo se abrió con el primer gran esfuerzo organizado, para la predicación del evangelio en todo el mundo. Desde ese tiempo, sociedades misioneras y sociedades para la diseminación de la Biblia, se han movido mano a mano en su trabajo, así como se han multiplicado año tras año en número. El agente y la agencia escogidos por Dios para la evangelización del mundo son estos dos: el hombre de Dios, el predicador cristiano; y la Palabra de Dios que es las Escrituras cristianas. No el hombre de Dios sin la Palabra de Dios, como ha sostenido vanamente la Iglesia romana; no la Palabra de Dios sin el hombre de Dios, como unos protestantes han sido tentados a suponer; sino el hombre de Dios y la Palabra de Dios. Estos dos. Dios los ha juntado, y nadie debe apartarlos.

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Es interesante observar la extensión de estas dos líneas paralelas, de agencias evangelizadoras lado a lado, durante este siglo. Las 13 libras, dos chelines y seis peniques con que. en 1792, doce ministros bautistas asociados con Carey empezaron la empresa misionera moderna, han llegado a ser $11,000,000 anualmente colectados por las sociedades misioneras de la Gran Bretaña y América. Así la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, desde las 700 libras esterlinas contribuidas en su primera reunión, el 1 de Marzo de 1804, había avanzado con tanta rapidez en favor y patronato, que dentro de los primeros treinta años, recibió contribuciones, que agregaron 2,050,956 libras esterlinas, y ahora recibe anualmente más de 200,000 libras esterlinas. La sociedad misionera, solitaria y débil, inaugurada por Carey y sus amigos hace un siglo, ha visto multiplicarse sus hijas hasta que más de cien sociedades semejantes estaban presentes en la Conferencia Mundial en el Salón Exeter en 18881. Del mismo modo la Sociedad Bíblica Británica, ha llegado a ser la madre de otras del mismo carácter en los Estados Unidos, y en el continente de Europa, en las Provincias

1. La Sociedad Bautista misionera Inglesa fue fundada en 1792, la Misión de Londres, en 1795; la Misión Escocesa. En 1796: la de los Países Bajos, en 1797: la Sociedad Misionera, en 1799: la Junta Americana, en 1810; la Unión Bautista Americana, en 1814; la Sociedad Misionera Unida Extranjera, en 1818. La Revista trimestral do julio de 1886 estima que todas las Sociedades Misioneras no son menos de 146.

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Británicas, en las Indias Occidentales, en las Islas Pacíficas, en China, en la India, y en las riberas de África, hasta que ahora no hay menos de ochenta sociedades bíblicas en el mundo, las cuales, desde 1804 han publicado doscientos veinte millones de Biblias, Testamentos y porciones de las Escrituras.

Misioneros bíblicos, llamados colportores, han salido lado a lado con los misioneros evangélicos. Los siete mil heraldos de la cruz en las tierras extranjeras en que ha crecido la pequeña compañía de Carey, tienen ahora la Biblia traducida en doscientos ochenta idiomas, y pueden hablar a las nueve décimas partes de toda la raza humana, en su propia lengua.

Haremos bien en detenernos un momento para preguntar qué significa de promesa y potencia espirituales, todo esto. Nuestra familiaridad con la Palabra de Dios nos ha hecho demasiado insensibles a su valor. No es así con los misioneros que han sido honrados de Dios, con el privilegio de abrir sus páginas a las razas paganas. A ellos les ha parecido un acontecimiento casi tan estupendo, como la misma encarnación, de la cual es una especie de imagen y reproducción. Roberto Moffat ha hecho una descripción viva de sus emociones al haber completado su traducción de toda la Biblia al lenguaje de los Bechuanas. "Me parecía que era una cosa asombrosa" dice, "traducir el Libro de Dios Cuando había escrito la última palabra, apenas podía creer que estaba en el mundo; tan difícil me

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era realizar que estaba acabada mi obra de tantos años. Me parecía que iba a morir. . . . Mi corazón golpeaba, como un martillo. . . . Tuve que expresar mis emociones cayendo de rodillas y dando gracias a Dios por su gracia y bondad en darme fuerzas para completar mi tarea."

La experiencia de Moffat al contemplar la última página acabada de una traducción de la Biblia, es igualada sólo, por la historia de la experiencia de Juan G. Patón cuando vio la primera página impresa de las Escrituras, en la lengua tanesa. Dice: "¿Me creerán Uds. loco, cuando confieso que grité y clamé en una éxtasis de gozo cuando el primer pliego salió de la imprenta todo correcto? Era como la una de la mañana. Yo era el único hombre blanco en la isla entonces, y todos los naturales estaban bien dormidos hacía horas. Pero literalmente arrojé mi sombrero al aire y bailé como un niño de escuela alrededor de esa imprenta, hasta que empecé a pensar, '¿Habré perdido la razón?' ¿Sería más propio para un misionero ponerse de rodillas y adorar a Dios por esta primera porción de su bendita Palabra que se ha impreso jamás en este nuevo idioma? Amigos míos, tengan paciencia conmigo, y créanme, que eso era un culto tan verdadero, como lo era el baile de David, delante del Arca de Dios1."

1. "Vida de Patton" (tomo 1, pág. 202). El Dr. Wiliam Goodell, al completar su traducción de la Biblia al armenio en 1841. escribió: Así se me ha permitido por la bondad de Dios, cavar en esta lejana tierra, un pozo en el cual millones pueden beber.

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No hay desproporción entre estos éxtasis de los grandes misioneros por las traducciones de la Escritura, y la suma importancia del acontecimiento que celebraban. La Palabra de Dios traducida al idioma de un pueblo, quiere decir la vida de Dios introducida en su circulación. Napoleón al morir en "Santa Helena", dijo a sus compañeros: "Cuando yo esté muerto, mi espíritu volverá a Francia para latir con vida perdurable en nuevas revoluciones." Lo que dijo era verdad sólo figuradamente. Pero el Espíritu de nuestro Señor sí volvió literalmente a la tierra, después de su partida; y por la Palabra inspirada, está engendrando constantemente, revoluciones morales. La traducción de la Biblia es realmente la traducción de Cristo; es su transfiguración en vidas humanas. Cuando las almas son engendradas de nuevo por la palabra de la verdad, Cristo vuelve a nacer entre los hombres, en un sentido místico y espiritual; de modo que la obra de traducir la Biblia tiene por su propósito final, una especie de reencarnación del Hijo de Dios—introducir la sangre de su vida, en las venas y arterias de nuevas razas y pueblos.

Después de la visión del libro abierto, sigue otra viva y gloriosa, y que apenas puede equivocarse respecto a su significación: "Vi a otro ángel volando en medio del cielo, teniendo una buena nueva eterna que anunciar a los que habitan sobre la tierra, y a cada nación, y tribu y lengua, y pueblo (Rev. 14:6, Ver. Mod.). Aun

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Alford, uno de los comentadores más moderados, no vacila en referir estas palabras "a la grande era de las misiones cristianas, y fijándose en la armonía entre ellas y el discurso de nuestro Señor en el capítulo veinticuatro de Mateo, saca la conclusión de que cuando sean cumplidas, "estará cerca el tiempo del fin."

Durante más de un siglo, la trompeta de este ángel ha sonado cada vez más fuerte hasta que ha penetrado a casi toda nación del globo habitable. Y ¿es extraño que algunos, habiendo dedicado sus oídos para oír lo que el Espíritu dice a las iglesias, se figuren que ya pueden oír el preludio del juicio sobre la Babilonia mística, cuya caída ha de señalar la inauguración del triunfo final de nuestro Emmanuel? Los interpretadores protestantes están casi todos unánimes en la opinión de que la Babilonia, significa el reino mundano—o el sistema político— eclesiástico, del cual Roma es el centro; y desde los días de los reformadores hasta ahora, el número místico de cuarenta y dos meses que señala la duración de este poder, ha sido interpretado como que significa mil doscientos y sesenta años. No queremos en este lugar considerar la cuestión de las fechas apocalípticas; sólo diremos que, contando desde el famoso decreto de Phoco, los expositores por mucho tiempo han creído que era probable que hubiera una crisis en la historia del Papado. Sencillamente manifestamos este hecho, sin comentarlo.

Recordemos, pues, lo que sucedió en estos

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años. En 1866 se libró la batalla de Koniggratz, de la cual afirmó un historiador que fue "uno de los conflictos del siglo", en el que la Austria papal fue derrotada por la Prusia protestante, y ésta se levantó a un puesto supremo entre los grandes poderes del continente de Europa. Esto, sin embargo, no fue más que un movimiento preparatorio de parte de la Providencia, para una revolución más grande todavía, que había de suceder presto.

En 1870 se reunió en Roma el gran Concilio Ecuménico, cuyo propósito distinto, como se sabía desde el principio, era el de colocar en la cabeza del Papa, la corona de la infalibilidad. Después de largas discusiones votaron este dogma, y el 18 de Julio de 1870, el potentado del Vaticano fue declarado ser — respecto a toda cuestión de fe y moral—¡infalible! ¡Cuán cerca está con frecuencia el colmo de la gloria, al abismo de la humillación! A las veinticuatro horas de la promulgación de este decreto, o en la mañana del 19 de Julio de 1870, se declaró la guerra entre la Francia y la Alemania. El conflicto fue breve como sabe todo el mundo, y se resolvió decisivamente el 1o de septiembre en Sedán. Y ¡qué campo de batalla fue ese de Sedán! El Imperio de Alemania ya consolidado con Prusia por cabeza, se había preparado para ser el campeón de las ideas protestantes contra Francia, que era en este tiempo el sostén y defensa del Papado. Pero esto no fue todo. La antigua fábula de que los espíritus de los guerre-

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ros muertos se cernían sobre el campo de batalla, para ayudar y sostener a los que peleaban por la justicia, ya había de realizarse de una manera extraña. Hacía doscientos años — en 1685—se había verificado aquella espantosa injusticia, la revocación del Edicto de Nantes, por la cual medio millón de protestantes franceses habían sido arrojados de sus hogares y su patria, con todos los padecimientos e indignidades concebibles ¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos? "Os digo, que los defenderá presto." Jules Favre afirmó en la Asamblea que los principales oficiales comisionados en el ejército prusiano en esta batalla de Sedán, los generales que realmente ganaron la batalla, eran los biznietos de los hugonotes que, hacía dos siglos, habían tenido que huir a Alemania por este decreto injusto. Así fue que unas controversias muy antiguas, se presentaron para ser resueltas en Sedán. No sólo se opuso protestante a papista, y hugonote a jesuita; se opuso Guillermo I, a Luis XIV; se opuso el siglo décimo nono al siglo décimo séptimo. Y los hugonotes y protestantes habían de ganar al fin. El ejército de Luis Napoleón, sufrió una derrota pronta, humillante y completa; pereció el Imperio Francés. Esto hizo necesaria la retirada de las tropas francesas de Roma, y esto, en su turno, abrió la Ciudad Eterna a la entrada del ejército italiano; y el veinte del mismo mes de Septiembre, se declaró que Roma era la capital

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de la Italia Unida, y la sede del gobierno de Víctor Manuel. ¡Así cayó el poder temporal del Papado, y grande fue su caída! Como dijo un artículo editorial del London Times comentando el acontecimiento: "En el mismo año, el Papado asumió la exaltación espiritual más alta a que podía aspirar, y perdió la supremacía temporal, que había tenido por mil años-"

No vacilo en expresar la convicción de que, por su efecto en la obra de las misiones evangélicas, la caída del poder temporal del papa fue el acontecimiento más trascendental de la historia moderna; porque hizo que los países católico romanos fuesen un campo abierto y accesible para la predicación del evangelio del Hijo de Dios—cosa que nunca habían sido antes, ni podían ser.

Vamos a indicar brevemente los resultados que han aumentado el éxito de las misiones protestantes, gracias a este acontecimiento tan trascendental. En otras palabras, vamos a observar a la Palabra de Dios y al hombre de Dios, en sus actividades en los países católico romanos desde el año 1870.

Aun en el año 1850, la encíclica de Pío IX. describió la Biblia como "lectura venenosa", que los fieles eran mandados a guardar de las manos del pueblo; y en nuestra propia generación, un decreto pontifical ha declarado que es "contrario a la ley, publicar a la vista del pueblo romano cualquiera porción de la Palabra de Dios." Pero este papa "infalible" vivió el tiempo

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suficiente para ver a esta enemiga victoriosa, ante sus mismos ojos. Extraño anti-clímax cuando Cristo el Rey de Israel, sentado sobre un asno, hizo su entrada triunfal en Jerusalem—en Jerusalem la que con tanta frecuencia, había procurado su muerte. ¿Cuándo tuvo esta escena su paralelo, si no fue cuando siguiendo el ejército de Víctor Manuel, la Biblia entró a Roma llevada por un colportor en un carretón tirado por un perro?—en Roma, que durante siglos había maldecido, y quemado y prohibido el Libro de Dios. Esta entrada triunfal ha sido seguida de una conquista triunfal. "Oh Italia", clamó Savonarola moribundo, "te amonesto que sólo Cristo puede salvarte. El tiempo para el Espíritu Santo no ha venido, pero vendrá." Y esto lo dijo como profeta. Porque aunque Italia esperó por siglos, no esperó en vano. La Biblia, el vehículo, las palabras del Espíritu, ya están penetrando en toda la Italia. El tiempo del Espíritu Santo ha venido, Y tanto anhela el pueblo italiano las Escrituras, que no pueden esperar ejemplares encuadernados y ediciones completas. En Milán Signor Sonzogno, el propietario y editor del Secolo, fijándose en el hambre que tenía el pueblo común, de la Palabra de Dios, anunció hace cinco años que publicaría una edición popular de la Biblia Italiana en números de medio penique. Lo que el papa llama un veneno que debe evitarse al pueblo con todo celo, este lego católico, en el prospecto de la primera edición, lo llama "el único Libro que tanto los

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creyentes como los infieles debieran estudiar, y que debiera estar en cada, casa." Esta publicación ha tenido, y tiene todavía un éxito enorme, y el Gigante Papal regaña en vano en su cueva contra sus lectores, incapaz de encarcelarlos y quemarlos.

En 1866 un predicador protestante fue expulsado de Italia por haber procurado predicar el Evangelio. Desde 1870. semejantes predicadores no sólo han estado anunciando el Evangelio desde un extremo de Italia hasta el otro, sino que hace como cinco años que el Parlamento, por un voto de 245 contra 67 aprobó una ley que concedía la Libertad de Conciencia tan plena. que habría dejado satisfecho al mismo Rogerio Williams. Por este estatuto se garantizan tan completamente los derechos de la opinión religiosa, que se dice que aun el Papa puede ser aprehendido y enviado a la cárcel, si procura prohibir que alguno predique el Evangelio.

Antes de 1870 estaba prohibido el culto protestante dentro de los muros de Roma, como había sido la costumbre por siglos; desde esa fecha ha progresado con tanta rapidez el protestantismo, que en la actualidad no hay menos de veinticinco iglesias y congregaciones protestantes, en la Ciudad del Vaticano. Y estos hechos no son sino una sugestión de las cosas maravillosas que han resultado para Italia, por los acontecimientos de 1870. Los canales están abiertos y limpios de estorbos, de modo que la cuestión en aquel país ahora, no es la de la

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oportunidad, sino la de la habilidad de los protestantes para corresponder a la oportunidad. Es la opinión de los observadores cuidadosos que, de los treinta y tres millones de la población de Italia, veintidós millones han abandonado para siempre la lealtad a la Iglesia de Roma. Estos millones, como demuestra cada elección en el país, tienen una aversión fija e inalterable a la jerarquía papal. Pero, por otra parte, es muy halagüeña la evidencia de que no se oponen a la Palabra de Dios y al evangelio sencillo de Jesucristo. Esta conclusión se saca del hecho de la amistad que manifiesta la gente del pueblo hacia el evangelista y colportor protestantes, y su anhelo siempre creciente de poseer las Escrituras. La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera sola, puso en circulación 139,000 Biblias en el año de 1888, 154,000 en 1890, y 167,000 en 1891. Y estas cifras representan sólo una parte de lo que se ha hecho en este sentido. Esta sociedad se adhiere con mucha rigidez a la política de vender las Escrituras en vez de regalarlas—lo que es, generalmente hablando, una política sabia—sin embargo tal es la pobreza de gran número de los que desean poseer este tesoro, que los misioneros han estado levantando fondos especiales para dar la Palabra de Dios a los que no pueden comprarla. En una palabra, el cambio en Italia con respecto al evangelio en veinte años ha sido tan maravilloso como el que se verificó en la India en cincuenta años. La Roma de los

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Siglos Oscuros—la Roma que dio muerte a su Savonarola y a su Amoldo de Brescia—va pasando con rapidez. Si a la Italia papal ha de suceder la Italia infiel, es la gran cuestión que los promotores de las misiones protestantes, tienen ahora que resolver

Si volvemos la vista de Italia a Francia, vemos una transformación que no es menos maravillosa. La misma convulsión política-eclesiástica que destruyó el poder temporal del Papa, destruyó también el imperio de Napoleón III. Los dos cayeron juntos y el mundo cristiano siente todavía la sacudida. En Francia, como en Italia, las escuelas han sido quitadas al gobierno de la Iglesia y dadas al estado: y así providencialmente, la luz de la historia ha abierto el camino para la luz del evangelio. Hace pocos años a los niños de Francia, les era enseñado en las escuelas dirigidas por los sacerdotes, que la Matanza de San Bartolomé era el resultado de un esfuerzo para suprimir una rebelión protestante, que el Almirante Coligny, que fue tan vilmente asesinado en esa ocasión, sencillamente sufrió una muerte justa como conspirador contra el rey. Así fueron instruidos ciegamente los niños franceses, antes de los días de la república actual. Ahora en todas partes de Francia los discípulos en las escuelas, son enseñados en la, verdad sobre estas cuestiones, tan inequívocamente como lo son los discípulos en las escuelas americanas. Y en cuanto a Coligny, cuyo cadáver fue deshonrado en ese

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horrible día, siendo tirado de una ventana en París, le han erigido una noble estatua en una de las plazas públicas de la capital. ¿No podemos figurarnos la influencia que tendrá todo esto en la rectificación de las mentes de los franceses o italianos, por tanto tiempo envenenados contra el protestantismo? Los libros de escuela que dicen la pura verdad histórica a los niños de estas naciones; y los altos monumentos de mármol en honor de Coligny y Arnoldo de Brescia, que hacen que todo transeúnte pregunte: "¿Quiénes eran estos hombres? y ¿qué hicieron?"

Pero he de hablar especialmente de la Biblia y el evangelio en Francia, después de la caída del Imperio.

Mientras estuve en París en 1888, conseguí con gran dificultad una Biblia que considero como una curiosidad literaria, tan grande, como lo sería un ejemplar de la Biblia prohibida de Miles Coverdale. Es verdad que fue en el año de 1537 cuando las Biblias de Coverdale fueron tomadas por el inquisidor general del Papa en París, a donde el Reformador había ido a fin de imprimir mejor su obra; y esto fue en 1887. Pero la Iglesia Romana se jacta de ser siempre la misma; de esto resulta la historia de la Biblia vedada de 1887.

Henry Lasserre. un católico romano francés de bastante reputación literaria, e hijo muy leal del Papa, había tenido a bien hacer una traducción de los Evangelios para el pueblo

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francés. Sus motivos para emprender esta tarea son manifestados muy convincentemente, en el prefacio de su libro. Había sido impresionado con el carácter muy superior de aquellas naciones cuya gente común tenía acceso a la Palabra de Dios; y después de hacer observaciones extensas y pensar mucho sobre el asunto, había llegado a la conclusión de que la Francia no podría nunca llegar a una condición de estabilidad nacional e independencia inteligente, hasta que circularan universalmente las Escrituras entre el pueblo. En cuanto al descuido de la lectura de la Biblia de parte de los católicos de Francia, habla claramente. "Es notorio", dice "que los Evangelios rara vez se leen por los que profesan ser católicos fervientes, y nunca por la multitud de los fieles. De cada cien personas que practican los sacramentos", añade, "rara vez se encuentra uno que haya abierto jamás los Evangelios." Por esto se esforzó para poner en las manos de los franceses esta parte de la Palabra de Dios. Siendo un católico leal, Laserre pensaba que era de grande importancia conseguir para su impresión, la aprobación del Papa. Aunque es maravilloso decirlo, consiguió ésta, y su obra salió en Diciembre 4 de 1886, bajo el imprimátur del Arzobispo de París y con la aprobación oficial del Papa. Tuvo un éxito fenomenal; edición tras edición fue vendida; apenas pudo la imprenta suplir la demanda; ninguna novela fue comprada jamás con más avidez. Cien mil ejemplares se vendie-

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ron en doce meses, y el deseo del traductor por tanto tiempo acariciado, de ver el evangelio en manos de la gente común de Francia, parecía destinado a realizarse de una manera magnífica; pero de repente se oyó del Vaticano un trueno, y, como se supone, por la instigación de los Jesuitas, el Papa puso su interdicción sobre la empresa que, hacía unos meses, había bendecido sin reserva. Se ordenó que no se prosiguiera con la publicación y venta del libro, y el traductor decepcionado, se sometió al decreto. Quebrantado de corazón por esta suspensión de su obra, Henri Lasserre hizo lo posible porque el decreto papal fuera renovado; y lo último que sabemos de él, es que había ido a Roma llevando cartas y peticiones de personas de influencia, con el propósito de instar a la cabeza de la Iglesia Romana a que quitara su interdicción. No sabemos que haya tenido éxito. Si lo hubiera tenido y el Papa hubiera revocado su decisión, tendríamos un pasaje maravilloso de historia pontifical. Primero una bendición infalible, luego una maldición infalible, en seguida una contradicción infalible, ¡y todo procedente de los mismos labios infalibles, y dirigidas contra el mismísimo objeto!

Pero ¡qué vislumbre nos da esta historia, del corazón mismo de Francia! El hambre de la Palabra, por tanto tiempo soportada, ha sido seguida al fin, de un deseo ardiente de leer la Palabra. Es una historia que se repite con frecuencia, en la historia de la traducción de la

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Biblia. Cuando el movimiento que resultó de la experiencia de María Jones, había tenido éxito en la formación de la Gran Sociedad Bíblica, y cuando, como primicias de su trabajo, en 1866 llegó a Gales un carretón "llevando la primera sagrada carga", los paisanos salieron por multitudes a encontrarlo; le dieron la bienvenida como lo hicieron los israelitas con respecto al arca en la antigüedad; lo metieron en la población, y ansiosamente se llevaban cada ejemplar, tan rápidamente como podían vendérselos. Se vio a los jóvenes empleando toda la noche en leerla. Los labradores la llevaban consigo al campo, para gozarse en su lectura en los intervalos del trabajo1. ¡Cómo deben alegrar nuestros corazones, semejantes reminiscencias de la entrada triunfal de la Biblia en países de donde ha sido desterrada por tanto tiempo! Y ¡cómo debiera avergonzarnos el descuido nuestro de la Palabra, si para nuestro apetito cansado ha perdido su sabor y dulzura!

Como suele suceder, Dios en su providencia ha levantado al hombre de Dios, para llevar al pueblo la Palabra de Dios. ¡Ojalá que tuviera tiempo para narrar las maravillosas historias de la conversión de aquellos que habían de ser los instrumentos escogidos para llevar el nombre de Cristo entre el pueblo francés, nuevamente despertado! Voy a hablar por un momen-

1. Véase el artículo de Farrar, sobre la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, en Revista de Revistas, enero de 1892.

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to de uno de los más notables. Recuerden que al volver a abrirse Francia al evangelio, tal fue la reacción contra la Iglesia, y tal la antipatía contra el sacerdocio entre la gente del pueblo, que era casi imposible que alguien que fuera conocido como ministro, se hiciera oír. El Dr. Roberto McCall entró en París mientras las cenizas de la Comuna, estaban todavía calientes. y dio principió a su trabajo, entre los más amargos enemigos de la Iglesia. Dice que tan invencible era la aversión a todo lo que fuera eclesiástico o sacerdotal, que pronto vio que sería fatal para su éxito, cualquier cosa que sugiriera ideas eclesiásticas en el adorno de los salones de su misión, o si llevaba en su persona, algo que indicara de la manera más leve, que era un ministro. En este estado de aversión universal y arraigada en contra de la Iglesia y el sacerdocio ¿qué debería hacer para que las multitudes perdidas le prestaran atención? Dios es un maravilloso estratégico, y haríamos bien en crisis semejantes a esta que estamos considerando, en estudiar el plan de su campaña. En la historia de Henri Laserre tenemos el milagro de la Palabra de Dios: en la de Eugenio Reveillaud, el milagro del hombre de Dios. Si el pueblo no quiere escuchar a un clérigo, entonces será levantado para ellos un lego. Tal era Reveillaud—un periodista, un político, un orador y un patriota a quien prestaba atención el pueblo francés. Su conversión fue tan repentina y asombrosa como la de Saulo de Tarso.

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Si hemos de dar crédito a su propia historia sobre este acontecimiento, se acostó el 13 de Julio de 1878 como un infiel, un libre pensador, y se levantó a la mañana siguiente como un discípulo de Jesucristo, sojuzgado y regocijado. En las velas de la noche, el Espíritu de Dios había caído sobre él, con poder abrumador, convenciéndole, venciéndole y convirtiéndole. La mañana siguiente entró en una iglesia protestante, y para la admiración de todos los presentes, pidió permiso para hablar. "¡Un milagro!" exclamó. "¿No es mi conversión un milagro? Me quedé dormido ayer con pensamientos completamente seglares. No me acuerdo de haber levantado una sola vez mi alma a Dios, en todo ese día. En la noche Dios me visitó por su Espíritu, y por este bautismo divino he sido regenerado. Tengo ahora el sentido del favor de Dios, de su perdón y de su amor. Soy convertido; soy salvo".

No es extraño que semejante conversión fuese seguida de una comisión clara para el servicio: "Vaso escogido eres tú para que lleves mi nombre en presencia de tus compatriotas." Apenas decimos demasiado, afirmando que Reveillaud ha sido el Juan Bautista de la nueva Reforma francesa. Luego después de su conversión, salió por todas partes predicando la Palabra. Salones y teatros se abrieron libremente para él, y multitudes vinieron a escucharle; y así fue preparado el camino para los trabajos de los ministros y evangelistas protestantes. Muy ma-

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ravillosa fue la conjunción de estos dos milagros—la resurrección, por decirlo así, de los dos testigos-- la Biblia y el evangelista—en Lasserre y Reveillaud.

La caída de la jerarquía romana está predicha en el Apocalipsis según se supone, bajo la figura de "un gran temblor de tierra." No hay lenguaje que pudiera describir con más exactitud lo que ahora estamos presenciando. Así como las vibraciones del terremoto se extienden desde el centro del disturbio en un círculo de agitación que siempre se ensancha, así ha sucedido desde el día de 1870, cuando la soberanía del Papa sintió el primer golpe del juicio divino. Después de la sacudida en Francia e Italia, se oyó el ruido al otro lado del mar, en la misma fortaleza del papado americano. En 1873 la Iglesia católica en México fue separada del estado, y en un momento terrible, todo el sistema, con sus vastos réditos, y su inmensa maquinaria, vino abajo; y todas sus propiedades, catedrales, monasterios y establecimientos eclesiásticos, pasaron a las manos del estado. Es un ejemplo de la caída más repentina y completa de una Iglesia de estado, que se ha visto jamás. De modo que, aunque en 1862 el rédito anual era ocho millones de pesos, y los bienes del clero valían tres millones de pesos, doce años más tarde, no poseía ni un templo, ni un edificio eclesiástico, en todo el país, y había perdido completamente sus vastos réditos. ¡"Mirad", dice uno, "la conversión de los monasterios y otros

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edificios sagrados en México, a usos seglares; la destrucción de las órdenes religiosas, de modo que ya no hay monje, monja, fray ni jesuita! El Palacio de la Inquisición está convertido en una escuela de medicina; un convento ha llegado a ser una escuela de leyes, un monasterio es ya una escuela Normal, e iglesias católicas son ya templos protestantes . . . La confiscación de los bienes eclesiásticos, y la apropiación de ellos a la educación; el establecimiento de cinco mil escuelas y la dirección general de los acontecimientos, tienden todos a producir una vida más alta, más noble y mejor en México1. La historia no relata una venganza de la fe protestante, más repentina ni más completa que ésta. Si la España era el brazo derecho de la Inquisición, México era el izquierdo, pues por siglos su suelo fue mojado con la sangre de los mártires. Pero "Aceldama, el campo de sangre", ya está listo para ser hecho un campo de fe. Una puerta grande y eficaz se ha abierto a las misiones evangélicas, en esta antigua fortaleza del Papado; y simplemente para entrar por estas puertas ya abiertas, y aprovechar las oportunidades actuales se necesitarán grandes contribuciones de parte de los cristianos americanos.

Sin cesar, las vibraciones del terremoto se extienden. Durante el año próximo pasado, Brasil ha sentido el temblor y en esa nación por largo

1. "Crisis de las Misiones" (página 145-146).

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tiempo bajo la influencia corrompida de los sacerdotes, la Iglesia del estado ha experimentado una caída tan repentina y completa, como la que le sucedió en México. Esto se ha verificado en América; y en Europa la ola de oposición al Papado, hace pocos meses llegó a Irlanda;

aquel centro y fortaleza de la superstición está ahora agitada poderosamente con señales de una próxima separación de Roma, de modo que testigos competentes declaran que millares de los irlandeses más inteligentes han vuelto últimamente las espaldas a la misa y a la jerarquía.

Extraño es decirlo: al paso que los países papales han llegado a ser en los últimos veinticinco años, campos llenos de esperanza para los esfuerzos protestantes, los países protestantes parecen ser considerados en Roma como los campos de más promesa para las conquistas papales. Podemos juzgar lo que piensa el enemigo de la situación, por la manera en que despliega sus fuerzas. Misiones Católicos, el anuario autorizado, de las misiones Católico-romanas por todo el mundo, designa a Inglaterra como su campo misionero más importante. Cinco cardenales se nombran como superintendentes generales de misiones, y de éstos, cuatro están encargados de la conversión de la Inglaterra, Australia, Canadá y los Estados Unidos, siendo uno sólo asignado al mundo pagano. Pero los informes de estos campos no son animadores para el Papado. Porque mientras

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en Inglaterra el ritualismo está diligentemente reclutando conversos para Roma, el resultado total es descorazonante, pues el Padre Power, un eclesiástico eminente, declaró en una reciente conferencia papal que "nunca desde el reinado de Isabel han sido más oscuras las perspectivas de la Iglesia Católica Romana, en la Inglaterra. Pero esto es ajeno a nuestro asunto. La cosa a que queremos dar énfasis es ésta: que el terremoto de la infalibilidad ha sacudido los muros de casi todo país papal, de tal manera que hay ya en todas partes un campo abierto para la predicación del evangelio, aunque hace pocos años la tal predicación era prácticamente imposible.

Como anticipando su destrucción, el romanismo en España empezó a caer dos años antes de que fuera decretada la infalibilidad papal. En 1868 se garantizó la libertad de culto, a los protestantes en ese reino. Desde entonces se calcula que doce mil ciudadanos de España han dejado el romanismo y abrazado el evangelio. Los protestantes de España tienen ahora ciento veinte casas de culto, cien escuelas con ciento sesenta maestros y seis mil discípulos, y más de tres mil comulgantes en sus iglesias. Así el hogar de la Inquisición no sólo se está haciendo con rapidez un campo misionero, sino que se está haciendo un centro desde donde radian influencias protestantes, porque un gran numero de periódicos protestantes se envían de allí con regularidad a México, Chile, Brasil y

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Cuba. Notad también cómo esta revolución española, ha pasado la mar. Ha hecho bien el Dr. A. T. Pierson en incluir el movimiento protestante en Cuba, en su lista de "Milagros de los Misiones." Justamente como en Francia, Dios escoge a un patriota para ser el primer misionero protestante; así en Cuba, Alberto Díaz, un patriota cubano, que huyó a América para salvarse la vida, fue por una providencia singular, traído a Cristo en la ciudad de Nueva York. Volvió a su país natal, y empezó a decir la historia de su conversión, a sus compatriotas y a invitarlos a que vinieran a Cristo. Tales resultados han seguido su predicación, como rara vez han tenido paralelo en las misiones recientes. Porque aunque han pasado apenas diez años desde que empezó el trabajo, su misión tiene casi diez mil adherentes, y el Dr. Díaz personalmente, ha bautizado como dos mil quinientos conversos. Se han hecho esfuerzos repetidas veces para destruir esta obra, habiendo sido metido a la cárcel, una y otra vez el predicador, e instigando constantemente, conspiraciones contra su vida, los sacerdotes airados, sin embargo el movimiento ha seguido con éxito tan irresistible, que el Obispo de Habana, en una súplica frenética de ayuda, ha declarado hace poco que a menos que este "hereje" pueda ser suprimido, los intereses de la Iglesia católica en la isla, serán perjudicados seriamente.

Estas ilustraciones bastan para probar nuestra proposición: que el decreto de la infalibili-

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dad señala la era más prospera de las misiones protestantes en los países papales, que se ha visto jamás en el mundo cristiano. Hasta el año crítico de 1870, los calabozos del Papa rara vez habían sido desocupados por los prisioneros de la fe, aprehendidos por predicar el evangelio de Cristo. En verdad ¿qué había sido el Papado por siglos sino una cárcel para los santos perseguidos? Pero cuando el 13 de Julio este carcelero de las conciencias humanas hizo que se colocara en sus manos la llave de la infalibilidad, y de esa manera adquirió el derecho de cerrar como con candado la mente de cada sujeto suyo, contra la libertad de pensamiento, "entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos se soltaron." Y ahora, por una extraña inversión de la suerte, ha sucedido que el carcelero pontifical es un prisionero en el Vaticano, solicitando las lágrimas y conmiseraciones de los fieles.

Pero entre tanto, la luz ha estado penetrando en todos sus dominios oscuros. La sombra de la interdicción papal está retrocediendo ante la luz de la bendición evangélica. Y todavía no ha llegado el fin. Creemos que Pablo hablaba de Roma—de aquel sombrío y terrible sistema del Papado, que ha llenado los siglos con sangre, lágrimas y angustia sin medida—cuando por el Espíritu Santo profetizó de "aquel inicuo al cual el Señor matará con el espíritu de su

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boca, y destruirá con el resplandor de su venida" (2 Tes. 2:8). No dudo que mis oyentes se sorprenderán por la siguiente declaración sobre este asunto, hecha por Juan Enrique Newman, que tan recientemente murió como un cardenal eminente de la Iglesia Católica Romana. En 1832 Newman escribió: "Roma, el más poderoso monstruo, se ha escapado hasta ahora sin sufrir tanto como la Babilonia. ¡Seguramente no ha bebido todavía del cáliz del furor del Señor, ni expiado la maldición! Y también el terrible Apocalipsis me viene a la memoria. En medio de todas las obscuridades del Libro Sagrado, una doctrina es bastante clara, la impiedad de Roma; y también su destrucción predestinada. Esa destrucción no le ha sobrevenido todavía; por lo tanto le espera. Estoy acercándome a una ciudad condenada."

En la descripción viva de la destrucción de Babilonia contenida en los capítulos diez y ocho y diez y nueve de la Revelación, tres veces resuena el Aleluya sobre la lúgubre escena. Los comentadores del Apocalipsis, tanto los antiguos como los modernos, han tomado esto como una indicación de que en esta época, puede suceder la conversión de Israel por tanto tiempo esperada—sugiriendo la idea el Hallel hebraico que es tan singularmente introducido en este punto.

No podemos menos que asombrarnos por las señales de la confirmación de esta anticipación, que se hallan en la historia actual. Las señales

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de la caída de Babilonia que son ahora tan distintamente visibles, están acompañadas de pruebas enfáticas del levantamiento de Israel. En el movimiento misionero del siglo, se han acordado tan fielmente de los hebreos, que desde 1808 se ha organizado sociedad tras sociedad, para la predicación del evangelio a este pueblo, hasta que ya se calcula que hay más de cincuenta sociedades misioneras para los judíos, trabajando en todas partes del mundo por la conversión de Israel. Tan efectivo ha sido el trabajo hecho en este sentido, que opina el Profesor Tholuck que más judíos han sido traídos a Cristo en este siglo, que durante toda la era cristiana anterior: y ahora juntamente con el ruido más profundo del terremoto de Babilonia, parece la gran señal, que llama la atención de todo el mundo, y que es la de que los judíos echados de otros países por la persecución, están volviendo con rapidez a la Palestina. Así es que "esta tierra amada como ninguna otra, la tierra de promisión, la niña del ojo de Dios y del hombre, la cuna de la verdad y de la libertad en la cual desearíamos pensar como el Huerto de Dios, donde los ángeles ascienden y descienden como en la antigüedad1", está llegando a ser con rapidez no sólo un campo misionero lleno de esperanzas, sino el hogar de Israel.

No con exultación hablamos de la perdición que ha de sobrevenir a Roma. sino más bien

1. Prof. Christlieb.

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hablamos con exultación de lo que ha de seguir: que la Esposa del Cordero ha de recibir al fin su herencia; que el triunfo de Cristo ha de suceder al largo y sanguinario triunfo del Anticristo. Este día tan piadosamente deseado durante siglos por los cristianos, por el cual las almas de los mártires debajo del altar claman diciendo: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?" ya se acerca con rapidez. Miremos pues y levantemos la cabeza, porque nuestra redención esta cerca.

 

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